Mientras varios bancos centrales elevan sus tasas para contener los efectos inflacionarios del conflicto en Medio Oriente, el Banco de México decidió hacer lo contrario. Redujo su tasa de referencia en 25 puntos base, a 6.25%, pese a haber revisado al alza sus pronósticos de inflación y a que el mercado esperaba que permaneciera sin cambios. La decisión parece difícil de defender. Sin embargo, la pregunta no es por qué Banxico se aparta de la Reserva Federal, sino si las condiciones de la economía mexicana justifican una política monetaria distinta.
Por Delia Paredes Mier
La votación, tres contra dos, revela que la respuesta no es evidente, ni siquiera dentro de la Junta de Gobierno. Banxico calificó el recorte como un “ajuste puntual” y anticipó que mantendrá la tasa en ese nivel por un tiempo prolongado. Su explicación descansa en cuatro argumentos:
Son razones verificables, aunque no necesariamente suficientes para justificar el momento elegido.
El banco central mantuvo su previsión de convergencia de la inflación a 3% en el cuarto trimestre de 2027, pero elevó su pronóstico para el cierre de este año de 3.5 a 3.7%. Los analistas, por su parte, esperan una inflación cercana a 3.7% en el largo plazo.
No hay evidencia de un desanclaje acelerado de las expectativas, pero tampoco de que hayan terminado de converger a la meta puntual de 3%. Un recorte acompañado de pronósticos de corto plazo al alza exige confiar más en una trayectoria futura que todavía no se materializa.
La divergencia con otros bancos centrales tampoco es, por sí misma, una señal de imprudencia. Los ciclos económicos no están sincronizados. Según estimaciones de Banxico recogidas en minutas anteriores, Estados Unidos opera con una brecha del producto relativamente elevada frente a su historia, mientras que México se encuentra cerca del extremo inferior de su propia distribución histórica.
En otras palabras, las condiciones de demanda son mucho más fuertes en Estados Unidos que en México. El choque energético, además, ha tenido un efecto más pronunciado sobre la inflación estadounidense, en parte porque México ha amortiguado el aumento de los precios internacionales mediante mayores estímulos al IEPS de los combustibles, en particular del diésel.
Los titulares de crecimiento tampoco cuentan toda la historia. La economía mexicana avanzó 3.2% anual en el tercer trimestre, según la estimación oportuna de INEGI, pero la cifra se beneficia de una base de comparación baja.
El crecimiento trimestral del PIB fue de 0.9%, inferior al 1.4% del trimestre anterior, después de varios periodos de estancamiento o contracción. El consumo privado creció 1.9% entre enero y agosto, frente a una caída de 0.4% en el mismo periodo de 2025.
Sin embargo, su dinámica reciente apunta a una pérdida de impulso: medido a tasa trimestral anualizada, pasó de crecer 3% en junio a contraerse 0.6% en agosto. La recuperación acumulada es evidente, pero su ritmo se ha debilitado. Tampoco la generación de empleo formal apunta a un fortalecimiento generalizado de la demanda.
La inflación también requiere una lectura menos superficial. La tasa general pasó de 3.42% en la primera quincena de septiembre a 3.62% en la primera de octubre. Sin embargo, buena parte del repunte provino por el efecto estacional de los precios de la electricidad, en la no subyacente que se mantuvo en 3.78%, por debajo del máximo de 4.52% registrado en enero. Las mercancías no alimenticias mostraron una inflación de apenas 2.03% en septiembre. Son datos que pueden llegar a respaldar la interpretación de un proceso desinflacionario, aunque todavía incompleto.
La dificultad es que la holgura económica no inmuniza contra un choque de oferta. La inflación de servicios, de 4.33% en septiembre, continúa por encima del límite superior del intervalo de variabilidad de Banxico. Un aumento persistente de los precios energéticos, combinado con una depreciación cambiaria, podría retrasar la convergencia incluso sin presiones excesivas de demanda. Que el traspaso del tipo de cambio a los precios haya sido limitado hasta ahora tampoco garantiza que siga siéndolo, especialmente si la depreciación se prolonga o altera las expectativas.
La divergencia monetaria también plantea riesgos cambiarios. Un menor diferencial de tasas con Estados Unidos podría reducir el atractivo relativo de los activos en pesos, aunque el tipo de cambio depende de muchos otros factores. La depreciación no invalida por sí misma el recorte, pero tampoco puede descartarse su efecto sobre la inflación. Lo relevante será la magnitud y persistencia del ajuste cambiario y, sobre todo, su transmisión a los precios.
Existe, además, una dimensión menos visible. En una economía con deuda pública elevada y poco espacio presupuestario,tasas menores también alivian, gradualmente, el costo de financiar al gobierno. Es un beneficio fiscal real, aunque su efecto depende de los vencimientos y de las condiciones de refinanciamiento de la deuda.
No hay elementos para concluir qué haya motivado la decisión, pero conviene recordar que la política monetaria produce consecuencias fiscales, incluso cuando se conduce con independencia. Precisamente por ello, sus fundamentos deben sostenerse en el mandato de estabilidad de precios.
El dilema no está entre seguir a la Fed o desafiarla, sino entre actuar con la información disponible y protegerse frente a lo que todavía se desconoce. Mantener una restricción excesiva podría profundizar innecesariamente la debilidad económica. Recortar demasiado pronto podría obligar a revertir el movimiento si la inflación resulta más persistente de lo previsto. La decisión dividida refleja, en buena medida, diferentes valoraciones de esos riesgos.
Banxico tiene argumentos para justificar el recorte. Lo que no está resuelto es si justificaban hacerlo ahora, en lugar de esperar más evidencia. La credibilidad de un banco central no exige inmovilidad ni alineamiento con sus pares, pero tampoco se sostiene únicamente en la coherencia de sus explicaciones. Depende de que sus decisiones conduzcan, eventualmente, a los resultados que promete. La verdadera prueba no será haberse movido contra la corriente, sino reconocer a tiempo si los datos dejan de acompañarlo.
*Analista Económico
Profesor
X: @deliyo
Correo: delia.paredesmi@anahuac.mx
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión del IMEF.
Análisis y opinión de expertos en economía, finanzas y negocios para los tomadores de decisiones.

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