El  shutdown del gobierno americano y la inmunidad de Wall Street

El año fiscal en Estados Unidos comienza cada 1º de octubre. Más que un cambio contable, esa fecha marca una prueba de eficiencia institucional: la capacidad del Congreso para aprobar el presupuesto federal. Aunque suene extremo, no es un fenómeno raro. Desde 1976 ha habido más de veinte cierres de gobierno. El más reciente ocurrió en 2018–2019 también con Trump, fueron 35 días de parálisis.
Por Delia Paredes Mier
En teoría, el proceso es claro. Cada año, el Congreso debe aprobar 12 appropriations bills (proyectos de ley de asignaciones) que financian las principales áreas del gasto discrecional: defensa, transporte, educación, justicia y salud, entre otras. Si el reloj marca el 1º de octubre sin acuerdo, entra en vigor una Continuing Resolution (CR), un mecanismo que permite mantener el gasto del año anterior. Pero si ni los proyectos ni la CR se aprueban, el gobierno tiene que detener operaciones: agencias cierran, servicios se interrumpen y cientos de miles de empleados federales dejan de recibir su salario.

Aunque suene extremo, no es un fenómeno raro. Desde 1976 ha habido más de veinte cierres de gobierno. En 1995, bajo Bill Clinton, el cierre duró 21 días; en 2013, Barack Obama enfrentó uno de 16 días; y el más largo ocurrió en 2018–2019, durante la presidencia de Donald Trump, con 35 días de parálisis por la disputa del muro fronterizo.

El episodio actual repite el patrón de confrontación, aunque con un trasfondo más ideológico. Los demócratas buscan renovar subsidios de la Ley de Cuidado de Salud Asequible ( Obamacare ) y revertir recortes sanitarios previos, mientras que los republicanos —alineados con Trump— insisten en reducir el gasto y eliminar agencias federales, en especial las vinculadas a programas sociales y migración. El debate ya no es solo cuánto gastar, sino para qué debe existir el gobierno.

En términos económicos, el impacto directo sobre la actividad es acotado: se estima una reducción de alrededor de 0.1 puntos porcentuales del PIB por cada semana de cierre. Sin embargo, el daño no se mide solo en crecimiento, sino también en disrupción operativa. texto Por ejemplo, el Bureau of Labor Statistics suspendió la publicación del informe de empleo de septiembre, dejando a la Reserva Federal y a los mercados sin datos clave para calibrar política monetaria.

Asimismo, cerca del 40% de los trabajadores federales fueron enviados a casa sin salario. En cierres anteriores, la ley garantizaba pagos retroactivos una vez reanudadas las operaciones; no obstante, la posibilidad —esta vez mencionada— de despidos definitivos introduce un grado de incertidumbre adicional.

Los mercados financieros, por su parte, han mostrado una notable indiferencia. El S&P 500 se mantuvo estable, los rendimientos del Tesoro apenas variaron y el índice de volatilidad (VIX) subió menos de dos puntos desde el inicio del cierre. La razón no es apatía, sino una forma de inmunización: los inversionistas ya consideran el shutdown como un riesgo conocido, de baja magnitud macroeconómica y con alta probabilidad de resolución temporal.

Este tipo de parálisis afecta los flujos operativos del gobierno, pero no compromete el pago de la deuda ni los intereses del Tesoro, lo que mantiene intacta la percepción de seguridad de los bonos estadounidenses. El mercado asume que, antes de que el daño sea significativo, el Congreso aprobará una CR que evite consecuencias mayores.

Es importante distinguir este tipo de episodio del debate sobre el techo de endeudamiento ( debt ceiling). Mientras el shutdown se refiere a la autorización del gasto, el techo de deuda limita la capacidad legal del Tesoro para emitir nueva deuda y cumplir sus obligaciones financieras. En otras palabras, el cierre interrumpe servicios; el incumplimiento del techo de deuda podría implicar un riesgo real de impago soberano. Este último escenario tendría consecuencias sistémicas para los mercados globales y no forma parte de la coyuntura actual.

En conjunto, los inversionistas leen el shutdown como ruido político, no riesgo financiero. La experiencia de las últimas décadas ha demostrado que los efectos son transitorios y reversibles. La atención de los mercados se mantiene centrada en factores más estructurales: un déficit elevado, un endeudamiento público récord y expectativas de crecimiento moderado.

La calma aparente, sin embargo, no significa ausencia de riesgo. La reiteración de cierres y disputas presupuestales erosiona gradualmente la credibilidad fiscal y podría, en el margen, elevar las primas exigidas por los inversionistas en instrumentos de corto plazo del Tesoro. El verdadero peligro no está en el evento puntual, sino en su normalización: que la disfunción política se asuma como parte del paisaje y que el ruido termine incorporándose como un componente estructural del riesgo soberano estadounidense.
*Analista económico y socia en TransEconomics, firma especializada en la gestión de activos alternativos y asesoría patrimonial.
X: @deliyo
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión del IMEF.

Suscríbete a IMEF News

Análisis y opinión de expertos en economía, finanzas y negocios para los tomadores de decisiones.

Te puede interesar

Tesoro de EE. UU. endurece medidas y advierte a bancos: Narcos de México usan redes chinas para lavar dinero

El Tesoro de EE. UU. alertó a bancos sobre operaciones vinculadas a cárteles mexicanos y redes chinas de lavado de dinero, tras detectar más de 312 mil millones de dólares en transacciones sospechosas.

López: T-MEC y pobres

La declaración final de la reunión apunta a impulsar las políticas que se traduzcan en una región norteamericana más integrada y competitiva.

De 2.8 a 3.1% la perspectiva de crecimiento en 2023, sin embargo…

El Comité Nacional de Estudios Económicos del IMEF elevó su perspectiva de crecimiento para México en 2023 de 2.8% a 3.1% y ligeramente para 2024, de 1.8% a 1.9% en un contexto en el que la inflación ha continuado disminuyendo desde su pico más reciente en 8.77% en la segunda quincena de agosto de 2022 a niveles por debajo de 5%.

Normas de información financiera IFRS-18, NIF B-1 y B-3, el cambio que viene

El CINIF comunicó su plan de trabajo 2026. Contempla, como parte de su compromiso de alineación con las IFRS, la emisión de las nuevas NIF. Se trata de la NIF B-1 y B-3 que entrarán en vigor el 1 de enero de 2028 en homologación con la nueva IFRS-18 vigente a partir del 1 de enero de 2027.

Ya llegó 2025: ¿qué esperar?

Este año estará marcado por incertidumbres y riesgos. Entre los mayores están el inicio del gobierno de Trump y las políticas que adoptará. Internamente, existen fuertes dudas sobre la forma en la que operará el país con un nuevo y disfuncional sistema judicial.

Estados Unidos y su deuda pública

Recientemente el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, expresó que “la senda por la que va la deuda pública es insostenible y más temprano que tarde se deberá cambiar ese rumbo”. El debate sobre la magnitud y sostenibilidad del elevado nivel de deuda del gobierno federal y la creciente obligación de pagar un monto elevado de intereses ha sido recurrente y es un tradicional campo de batalla en la arena política entre demócratas y republicanos.

Aguinaldo de un mes, 40 horas y salarios dignos ¿es posible todo para todos?

¿De cuánto será el alza de los salarios mínimos para el 2024? ¿Aprobarán los legisladores la reducción de la jornada semanal de 48 a 40 horas? ¿Qué pasará con la propuesta de duplicar el aguinaldo de 15 a 30 días por año?