El segundo trimestre de 2026 quedará registrado como un punto de inflexión en los mercados energéticos y de renta fija. El petróleo experimentó su mayor caída trimestral desde la pandemia. El Brent retrocedió 38% para ubicarse en 73 US$/bbl desde los 118 US$/bbl observados a inicios del periodo.
La combinación de avances diplomáticos entre Estados Unidos e Irán y la reapertura parcial del Estrecho de Ormuz permitió que la prima de riesgo geopolítico comenzara a disolverse y que las presiones inflacionarias globales cedieran terreno de manera considerable. Sin embargo, la distensión resultó efímera.
El tercer trimestre inició con un nuevo escalamiento que llevó al Brent a 85 US$/bbl
(un alza de 16.5% en apenas quince días), mientras el tránsito por el Estrecho de Ormuz retrocedió de cerca del 25% de los niveles previos al conflicto a finales de junio, a apenas 10% a mediados de julio.
Este deterioro refuerza la tesis de que la volatilidad en los precios del crudo persistirá mientras no existan bases sólidas para una resolución duradera
del conflicto regional, más allá de los avances diplomáticos de carácter parcial o transitorio.
Dicho entorno de incertidumbre energética se traslada directamente a las expectativas de política monetaria. La confirmación de Kevin Warsh como presidente de la Reserva Federal añade una dimensión adicional: su perfil de mayor disciplina frente a la inflación, combinado con la resiliencia de la economía estadounidense, refuerza el sesgo de tasas elevadas por más tiempo.
En consecuencia, el mercado mantiene expectativas de una postura restrictiva para la Reserva Federal, susceptible de amplificarse ante cualquier reactivación inflacionaria proveniente del sector energético.
Los recientes datos de inflación en EE. UU. han traído un respiro al mercado de tasas.
En particular, la lectura de inflación de junio se ubicó en -0.4% m/m (vs -0.1%e) con la variación anual bajando a 3.5% desde 4.2% en mayo, mientras que el componente subyacente en 0.0% m/m (vs +0.2%e), con el cambio anual pasando a 2.6% desde 2.9% el mes previo.
Al interior del reporte se observaron disminuciones en gasolina y otros energéticos. En consecuencia, el mercado recalibró sus expectativas y ahora prevé que el Fed no necesitará subir las tasas en el muy corto plazo.
Incluso retrasó las apuestas de la primera alza de +25pb hasta diciembre vs el escenario observado a inicios de mes cuando dicha alza se anticipaba en septiembre, con un ajuste total de +43pb para 2026.
Vale la pena mencionar que ante las renovadas tensiones en Medio Oriente podríamos observar un posible repunte en la inflación de julio
y nuevamente una recalibración en las expectativas del mercado.
Estos movimientos se reflejaron con nitidez en la curva de Treasuries.
La referencia de 2 años osciló entre 3.70% y 4.23%, manteniendo una tendencia al alza para cerrar en 4.17% (+38pb). El segmento más corto de la curva fue el más sensible a la coyuntura geopolítica y monetaria, resultando en una pendiente más plana. El diferencial entre los plazos de 2 y 10 años disminuyó a mínimos de 18 meses en 24pb.
A partir de que inició julio se observó un cambio hacia un sesgo más empinando, con dicha métrica regresando a niveles de 41pb, con la referencia de 10 años cotizando alrededor de 4.55%.
Hacia delante, las tasas continuarán cotizando en niveles elevados conforme continúen las tensiones geopolíticas y el sesgo restrictivo de los bancos centrales.
*Subdirectora de Renta Fija, Tipo de Cambio y Commodities de Grupo Financiero Banorte.
Twitter: @LeslieOrozcoV
LinkedIn: Leslie Orozco
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