Los mercados financieros entran a las últimas semanas de 2026 con una certeza incómoda: la geopolítica dejó de ser un factor de fondo y se convirtió en el principal determinante del precio del petróleo, de las expectativas de inflación y, a través de ellas, de la política monetaria.
Por Janneth Quiroz Zamora
La guerra entre Estados Unidos (EE.UU.) e Irán, que cumple ocho meses, sigue sin un desenlace claro; la tregua comercial entre Washington y Pekín tiene fecha de vencimiento; las negociaciones por Ucrania apenas se reanudan; y el 3 de noviembre EE.UU. acudió a las urnas. Estos son los eventos que concentrarán la atención de los inversionistas hasta el cierre del año.
IRÁN, EL PETRÓLEO Y LA FED
El primer frente y el más determinante, es el conflicto con Irán. Desde el cierre del estrecho de Ormuz a principios de marzo, el mercado petrolero opera sin una vía por la que circulaba cerca de una quinta parte del crudo y del gas natural licuado del mundo antes de la guerra. El Brent ronda niveles de 100 dólares por barril o más, frente a unos 73 dólares antes de que comenzara el conflicto el 28 de febrero, y los precios reaccionan a cada titular.
A finales de octubre, mediadores de Catar impulsaban un plan de dos días para reabrir el Estrecho a cambio de un alto el fuego, el fin del bloqueo naval estadounidense, el levantamiento de sanciones al crudo iraní y la liberación de activos congelados, y Teherán informó el 1 de noviembre que las conversaciones indirectas continuaban, pero sin resultados concretos.
Donald Trump había rechazado una propuesta iraní de siete días, mantiene el bloqueo y dice que no atacaría antes de las elecciones, aunque advirtió que Washington conserva objetivos militares pendientes.
Con las elecciones intermedias en EE.UU. atrás, esa restricción política desaparece, y los mercados vigilarán si se reabre la vía diplomática o si se reanudan las hostilidades. Un acuerdo que reabra Ormuz sería el catalizador más importante para bajar el precio del crudo; una escalada, el riesgo más relevante para la inflación global.
El segundo gran evento es el vínculo con la inflación que explica por qué la Reserva Federal. mantuvo el 28 de octubre su tasa en 3.75%-4.00% con una votación de 10 a 2, en la que Lisa Cook y Beth Hammack preferían subirla otros 25 puntos base.
Kevin Warsh evitó comprometerse con una ruta para su siguiente reunión, 8 y 9 de diciembre, y dijo que no cree en la guía prospectiva salvo en circunstancias excepcionales. Los inversionistas, sin embargo, prevén nuevas alzas a partir de diciembre y durante 2027, con una inflación al consumidor que llegó a 3.7% anual en septiembre.
En otras palabras, la trayectoria de las tasas estadounidenses depende en buena medida de lo que ocurra en Ormuz, ya que un petróleo persistentemente alto complica la tarea de la Fed y mantiene firmes los rendimientos de largo plazo y el dólar.
ELECCIONES EN EE.UU. , CHINA Y UCRANIA
El tercer evento ya quedó atrás, pero sus efectos apenas comienzan. El 3 de noviembre EE.UU. renovó los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 del Senado, en unos comicios en los que las encuestas previas daban ventaja a los demócratas en la boleta genérica.
Con el resultado definido, el mercado deja de descontar la incertidumbre electoral y pasa a evaluar sus consecuencias, como cuánto margen conserva la Casa Blanca para su agenda arancelaria y fiscal, cómo cambia la dinámica en el Congreso y qué tanto influye en la política exterior.
Antes de la votación, algunas gestoras sostenían que un Congreso dividido favorecería al dólar, pero no había consenso. Lo que sí es claro es que la relación entre el gobierno y una Fed cuyo presidente, Warsh, fue designado por Trump con la expectativa de que bajara las tasas, pero las subió en septiembre, será uno de los puntos más observados.
El cuarto frente es China. Washington y Pekín extendieron la tregua del acuerdo de Busan hasta el 10 de enero de 2027, pero el 10 de noviembre sigue siendo una fecha vigilada: ese día vencía originalmente la suspensión de los nuevos controles chinos a las exportaciones de tierras raras, y no queda claro si la prórroga los cubre. China refina cerca de 90% de las tierras raras del mundo, por lo que cualquier señal de endurecimiento tiene efectos inmediatos sobre la industria automotriz, electrónica y de defensa.
Ambos líderes ya se reunieron dos veces este año, Trump visitó Pekín en mayo y Xi viajó a Washington a finales de septiembre. Hay dos citas más que podrían definir el rumbo: la cumbre del APEC en Shenzhen el 18 y 19 de noviembre y la del G20 en Miami el 14 y 15 de diciembre, en las que Trump confirmó que se reunirá con Xi Jinping.
El quinto es Ucrania. Vladimir Putin aceptó el 21 de octubre retomar las negociaciones de paz con mediación estadounidense, que se reanudarían alrededor del 10 de noviembre, aunque rechazó concesiones territoriales sustanciales.
La Unión Europea ratificó que mantendrá las sanciones energéticas hasta que termine la guerra y su legislación le impide reanudar las importaciones de gas ruso, incluso si hubiera un acuerdo. Para Europa, el desenlace importa por el impacto que pueda tener en el precio de la energía:.
El Banco Central Europeo ya subió su tasa de depósito a 2.50% en septiembre por las presiones inflacionarias derivadas del conflicto en Medio Oriente, mientras los precios del gas siguen por encima de los previos a esa crisis.
AMÉRICA DEL NORTE, BRASIL Y EL CIERRE DE AÑO
El sexto frente es la relación comercial de América del Norte. EE.UU. decidió el 1 de julio no renovar el TMEC en su forma actual y optó por revisiones anuales mientras el tratado sigue vigente. México busca reducir los aranceles de la Sección 232 sobre autos, acero y aluminio, que son de 25% para los vehículos y 50% para los metales.
A mediados de octubre, distintos medios reportaron que la negociación se había estancado por la oposición del secretario de Comercio, Howard Lutnick, a recortes significativos; el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, lo negó y anunció una cuarta ronda bilateral antes de que termine el año, aunque sin fecha definida.
Para el peso, que marcó un nuevo máximo interanual en 18.93 por dólar el 30 de octubre, una señal de avance sería de los pocos factores internos capaces de contrarrestar la presión del dólar; un estancamiento prolongado mantendría una prima de riesgo sobre los activos mexicanos y sobre la inversión.
Finalmente, América Latina ofrece una señal política que los mercados leerán con atención. Luiz Inácio Lula da Silva ganó la segunda vuelta en Brasil el 25 de octubre con 51.8% de los votos frente a 48.2% de Flávio Bolsonaro, lo que le permitirá gobernar un cuarto mandato y frenó una racha de triunfos de la derecha en la región, que ya había ganado en Colombia y Chile.
Los inversionistas observarán en las próximas semanas la composición de su agenda económica y fiscal, un punto sensible para el real y para el resto de las monedas emergentes.
El denominador común de estos eventos es que la mayoría opera a través del mismo canal: energía, inflación, tasas y dólar. Por eso las próximas semanas no serán de un solo riesgo, sino de calendario. Entre noviembre y mediados de diciembre coinciden las secuelas de las elecciones, fechas límite, cumbres y reuniones de bancos centrales, y cada una puede desplazar las expectativas en una dirección distinta.
En ese entorno, la volatilidad probablemente seguirá siendo la norma, y la diferencia entre un cierre de año tranquilo y uno complicado dependerá menos de cualquier dato económico aislado que de lo que ocurra en Ormuz.
*Directora de Análisis Económico, Cambiario y Bursátil de Monex
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Análisis y opinión de expertos en economía, finanzas y negocios para los tomadores de decisiones.

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