El oro ha recuperado protagonismo en los mercados financieros, impulsado por factores que van más allá de su papel tradicional como activo de refugio. La creciente demanda de los bancos centrales, la búsqueda de diversificación y un entorno marcado por mayores tensiones geopolíticas han reforzado su atractivo. En este contexto, las tasas de interés y el dólar siguen siendo relevantes, pero ya no explican por sí solos su comportamiento.
Por Leslie Orozco
En un mundo financiero lleno de alternativas, el oro es un activo peculiar. A diferencia de un bono, no paga intereses y a diferencia de una acción, no genera utilidades ni dividendos. Sin embargo, continúa ocupando un lugar privilegiado entre inversionistas y bancos centrales.
El renovado interés se ha reflejado con claridad en su precio. Tras cotizar alrededor de 2,000 dólares por onza troy durante buena parte de 2020 a 2023, el oro inició una marcada tendencia alcista a partir de 2024, llegando a más que duplicar su valor y alcanzando un máximo histórico de 5,417 US$/oz t a inicios de este año.
Al cierre de octubre, el metal precioso cotizaba alrededor de 3,875 US$/oz t, 28.5% por debajo de ese máximo. Más allá de las fluctuaciones de corto plazo, la magnitud del movimiento muestra que el oro ha vuelto a ocupar un lugar relevante dentro de los mercados financieros. ¿Qué explica este comportamiento?
Tradicionalmente, el oro ha sido considerado un activo de refugio. En periodos de elevada incertidumbre económica o geopolítica, su percepción como reserva de valor suele incrementar su atractivo.
Sin embargo, mantenerlo también tiene un costo de oportunidad ya que, si instrumentos como los bonos ofrecen rendimientos elevados, un activo que no paga intereses debería resultar relativamente menos atractivo. Por eso, lo ocurrido en los últimos años sugiere que detrás de la demanda por oro hay algo más que la búsqueda temporal de protección.
Una parte importante de la explicación se encuentra en los bancos centrales. Los países mantienen reservas internacionales, entre otras razones, para contar con recursos que puedan utilizar ante episodios de tensión y respaldar la estabilidad de sus economías.
Estas reservas suelen distribuirse entre diferentes monedas, instrumentos financieros y oro. Y este último posee una característica particular: a diferencia de un bono o un depósito bancario, no representa la obligación financiera de otro gobierno, empresa o institución.
Esta característica ha adquirido mayor relevancia en un mundo marcado por tensiones geopolíticas, conflictos comerciales y el uso creciente de sanciones financieras. Ante este entorno, diversos bancos centrales han buscado diversificar la composición de sus reservas.
La lógica de diversificación también ayuda a entender el interés de los inversionistas. Los últimos años han combinado inflación, conflictos geopolíticos, grandes necesidades de financiamiento público y fuertes movimientos en tasas de interés y monedas.
Frente a tantos factores de incertidumbre, el oro puede cumplir una función diferente a la de las acciones o los bonos dentro de un portafolio.
Esto también ayuda a explicar por qué algunas de las relaciones que tradicionalmente utilizamos para analizarlo se han vuelto menos sencillas. Las tasas de interés y el dólar continúan siendo importantes, pero ya no necesariamente cuentan toda la historia.
En este sentido, la demanda de los bancos centrales y un entorno internacional más fragmentado también están influyendo en su comportamiento.
Por ello, quizá la pregunta más relevante no sea hasta dónde puede subir el precio del oro, sino por qué tantos participantes quieren mantenerlo. Su renovado protagonismo refleja algo más profundo.
En un mundo con mayor incertidumbre, la diversificación y la búsqueda de activos que ayuden a preservar valor han vuelto a ocupar un lugar central en las decisiones financieras.
La demanda de los bancos centrales y un entorno internacional más fragmentado también están influyendo en el comportamiento del oro que posee una característica particular: a diferencia de un bono o un depósito bancario, no representa la obligación financiera de otro gobierno, empresa o institución.
*Subdirector de Renta Fija, Tipo de Cambio y Commodities de Grupo Financiero Banorte. Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión de Grupo Financiero Banorte ni sus subsidiarias o filiales.
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión del IMEF.
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