Degradación de la calificación soberana: no hay plazo que no se cumpla

Realmente no fue sorpresa que S&P Global Ratings cambiara la perspectiva de la calificación soberana a negativa el 12 de mayo, ni tampoco que Moody’s la degradara el día 20 al nivel más bajo del grado de inversión, donde ya nos había colocado Fitch Ratings. ¿Cuál sería la sorpresa a raíz de esta degradación?
Por Víctor Manuel Herrera
Desde abril de 2024, mencionábamos en los boletines mensuales del Comité Nacional de Estudios Económicos que el alto déficit fiscal de ese año y los continuos rescates a Pemex, que no lograban avance alguno en su perfil financiero, comprometerían la estabilidad de la calificación soberana. Cuestionábamos las proyecciones optimistas del gobierno que indicaban que regresaríamos a un déficit de 3% en 2025 después de llegar a uno de prácticamente 6% el año anterior.

Todavía en nuestro artículo en la Revista IMEF: ¿Existe un compromiso de mantener nuestra calificación soberana actual? del 27 de octubre de 2025 apuntábamos que no se había hecho lo suficiente para estabilizar las cuentas fiscales y empezamos a presentar lo que había sucedido en Brasil cuando aquella nación perdió su grado de inversión en 2015 o con Sudáfrica cuando lo perdió en 2017.

Hoy ya estamos aquí, con una calificación menor y a un paso de perder el grado de inversión. Con interrogantes de los inversionistas nacionales y extranjeros de cuál camino tomará México hacia delante. Tenemos dos opciones:

La primera es corregir el rumbo y reducir el gasto en proyectos que no reditúan recursos para pagar sus deudas, así como dejar a un lado la ideología y restituir la credibilidad en nuestras instituciones, empezando por el poder judicial para generar confianza y que la inversión productiva regrese. La segunda es seguir por la trayectoria actual: déficits abultados, inversión deprimida y crecimiento estancado.

Brasil, Sudáfrica y Colombia eligieron la segunda opción y perdieron su grado de inversión. El real brasileño pasó de un tipo de cambio al dólar de 2.2 a 4 cuando eso sucedió, una depreciación de 80%.

No creo que nadie en nuestro país desee hacer el cálculo de multiplicar 17.50 pesos al dólar por 1.8, y menos vivirlo en carne propia. Once años después, Brasil sigue batallando con déficits fiscales sumamente altos y una tasa de referencia del banco central de casi 15% cuando la inflación es de 5%, afectando el financiamiento del gobierno, empresas y personas por igual.

La primera opción es más difícil y podría ir contra las creencias de algunas personas que llevan las riendas de nuestro país en este momento. Pero es la que permitiría el crecimiento sostenido en el futuro.

Chile
ha tenido gobiernos de derecha y de izquierda que han chocado fuertemente en sus ideologías, pero siempre han tenido claro que la política económica debe ser una que fomente la inversión y el crecimiento. Por eso esa nación no deja de crecer y de mejorar el estándar de vida de su población, independientemente de qué partido esté en el poder.

La decisión está en nuestras manos. Pero sí debemos tener claro que perder el grado de inversión y convertir la deuda mexicana en “bono chatarra” nos llevaría a un entorno como el que vivimos en la década de los noventa: Crédito muy caro donde “largo plazo” son tres o cinco años. En ese escenario, recuperar el grado de inversión llevaría un mínimo de 10 años, destinando a la población a menores salarios y una calidad de vida deteriorada.
*Presidente del Comité de Estudios Económicos del IMEF.
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión del IMEF.

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