Las razones de la salida de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) tienen que ver con la crisis en el Estrecho de Ormuz, la independencia de producción y su capacidad excedente. El gobierno emiratí citó las perturbaciones y la inestabilidad en el Golfo Pérsico como factores que impulsaron la
búsqueda de mayor flexibilidad estratégica ante su necesidad de aumentar su producción de petróleo de forma independiente, superando las cuotas restrictivas impuestas por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Actualmente produce entre 3.2 y 3.6 millones de barriles diarios (bpd), pero tiene una capacidad técnica instalada de casi 4.8 millones de bpd que desea aprovechar.
Tras el anuncio, el precio del petróleo superó los 100 dólares por barril debido a la tensión global y el reequilibrio de la oferta. Para suministro futuro los EAU planean aumentar su producción de forma “gradual y responsable” para
satisfacer la demanda energética mundial a largo plazo. La salida de los EAU tanto de la OPEP como de la Organización de Países Árabes Exportadores de Petróleo (OAPEC) ha sido recibida con una mezcla de
sorpresa, preocupación por la estabilidad de los precios y una sensación de «fin de una era» en la geopolítica energética. Analistas de firmas como Rystad Energy consideran que la OPEP pierde a uno de sus miembros más disciplinados y con mayor capacidad de reserva, lo que reduce su control sobre el suministro mundial del 30% al 26%.
La salida de los EAU de la OAPEC podría plantear el
debilitamiento del bloque árabe al erosionar la cohesión técnica y económica de los países exportadores árabes, perdiendo a un miembro clave con alta capacidad de reserva.
En el ámbito financiero podría acelerar una transición hacia un mercado petrolero menos dependiente del dólar y más diversificado en términos de divisas y socios comerciales, por lo que un mercado petrolero menos dependiente del dólar deja interrogantes en el marco del
«fin de los petrodólares» del que, aunque no ha ocurrido un colapso, se observa una transición hacia un sistema energético multipolar.
(En la edición 130 de News IMEF se publicó el artículo
¿Petrodólares un sistema en riesgo? El caso China–Venezuela y el comercio petrolero en el que el autor aborda el tema de un sistema que ha sido uno de los pilares menos visibles, pero más relevantes del orden financiero global que invita a la reflexión sobre si estamos frente a un colapso del petrodólar o ante una erosión gradual y selectiva).
Estas posibilidades se dan en momentos en los que los
EAU han fortalecido sus lazos con Estados Unidos e Israel a través de los Acuerdos de Abraham de 2020, vistos por los EAU no solo como una alianza económica y de seguridad, sino también como un canal de influencia dentro de la Casa Blanca.
Diversas fuentes coinciden en que
la salida de los EAU deja a los saudíes con la «pesada carga» de estabilizar los precios en solitario, evidenciando una fractura en la solidaridad histórica del Golfo y aumentando la fragilidad de la cooperación internacional en un entorno en el que en Abu Dabi crece la sensación de que las instituciones y alianzas regionales, como el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), ofrecieron un apoyo limitado ante los ataques de Irán en diversos puntos de los Emiratos.
REACCIONES Ante la salida de los EAU de la OPEP, las reacciones políticas internacionales no se hicieron esperar.
Irán condenó enérgicamente la decisión, calificándola como una medida de presión contra el resto de los miembros en medio de las tensiones regionales, mientras que
en Estados Unidos algunos sectores vieron la salida como una «victoria estratégica» para el gobierno estadounidense, ya que un aliado clave fuera de las cuotas de la OPEP podría ayudar a moderar los precios de la gasolina y combatir la inflación a largo plazo en vísperas de las elecciones intermedias en las que está en juego la mayoría republicana.
Y, aunque el anuncio sacudió los mercados, expertos de Reuters y otros medios señalaron que
el impacto total se sentirá solo cuando se normalice el tráfico en el Estrecho de Ormuz, permitiendo que el flujo adicional de crudo emiratí llegue al mercado, un paso necesario que se debe dar para acelerar inversiones y monetizar reservas antes de la transición energética global.
Con un punto de equilibrio fiscal de 45 dólares, EAU puede soportar una caída de precios que asfixiaría a otros miembros como Arabia Saudita (cuyo equilibrio está en los 87 dólares).
REDEFINIENDO EL PAPEL DEL CRUDO En la actual transición energética global, el petróleo enfrenta una presión histórica por el avance de las energías renovables, su relevancia estructural como materia prima y su papel en la seguridad energética son más visibles que nunca.
El crudo está dejando de ser visto solo como un combustible para convertirse en un
componente crítico de la industria pesada. Cerca del 50% del crudo se utiliza ahora para la refinación de productos que la transición aún no puede sustituir, como plásticos especializados para paneles solares, componentes de aerogeneradores y productos farmacéuticos.
En el sector transporte, área donde el petróleo pierde terreno más rápido frente a la electrificación, aún es predominante en el transporte de carga pesada y en la aviación, lo que hace recordar que la transición no es lineal.
Los hidrocarburos todavía representan aproximadamente el 30% del consumo energético mundial, por lo que la narrativa ha pasado de la «escasez de petróleo» al temor por el pico de demanda. Esto porque
la industria petrolera no está desapareciendo, sino transformándose bajo el enfoque de producir un barril de crudo con la menor huella de carbono posible para cumplir con las normativas de «cero emisiones netas».
EL FUUTURO DE LA OPEP La decisión de los EAU de abandonar la OPEP
más que una ruptura simbólica pone de manifiesto una creciente división entre los principales productores de petróleo sobre cómo responder a un panorama energético cambiante y debilitará la capacidad del grupo para gestionar el suministro mundial.
A corto plazo, el impacto de la
salida de los EAU será limitado. El mundo sigue necesitando todo el petróleo disponible, y este país representan entre el 3 y el 4% de la producción mundial. Sin embargo, las fuerzas que impulsaron esta decisión son más importantes que la medida en sí. Su salida
plantea interrogantes sobre el futuro de la propia OPEP. El grupo llegó a controlar más de la mitad de la producción mundial de petróleo. Actualmente su participación es menor (no supera el 35%) y las divisiones internas sobre las cuotas de producción son más pronunciadas. Las cuotas, que durante mucho tiempo fueron el pilar de su estrategia, se perciben cada vez más como
limitaciones desiguales en lugar de compromisos compartidos. Por ahora, la salida de los EAU no alterará drásticamente los mercados petroleros. La demanda sigue siendo lo suficientemente fuerte como para absorber la oferta adicional, sobre todo a medida que los países reconstruyen sus reservas cuando Irán reabra el estrecho de Ormuz. Pero
la verdadera trascendencia reside en lo que revela esta decisión: los productores de petróleo ya no comparten una estrategia común. La OPEP intentó proyectar una imagen de unidad el 3 de mayo, acordando un aumento simbólico en la producción de petróleo, pero este compromiso oculta fisuras que podrían resurgir pronto. Analistas advierten que
países como Irak podrían ser los siguientes en buscar mayor flexibilidad para monetizar sus inversiones, lo que desmoronaría la unidad del grupo.