Claroscuros en el T-MEC

Mientras que las reglas de origen en la industria automotriz pueden atraer nuevas manufactureras,
 la seguridad alimentaria se condiciona a la globalización.

POR ERÉNDIRA REYES

Aunque reglas de origen para el sector automotor en el nuevo acuerdo comercial México, Estados Unidos, Canadá (T-MEC) son más estrictas, no son inalcanzables para la industria de nuestro país, asegura Alejandro Gómez-Strozzi, abogado especializado en comercio exterior.

“México incluso puede verse beneficiado por la atracción de plantas manufactureras que provean esos insumos que antes venían de otros países”, advierte el socio de Foley Gardere Arena.

¿Y EL ACERO?

Por otro lado, luego de que industriales del hierro y el acero manifestaron su preocupación de que –a pesar de haberse logrado un tratado trilateral– persista la aplicación de aranceles del 25% bajo la medida 232 impuesta por Estados Unidos, Gómez-Strozzi estimó que la administración Trump cederá en el corto plazo.

Adelantó que la exigencia de los empresarios de que se retiren los aranceles al acero proveniente de México, antes de que se suscriba el tratado, tendrá respuesta e incluso sería una condición para su firma, pues fueron impuestos de manera caprichosa, ya que no se siguió el procedimiento que la propia legislación estadounidense marca.

Gómez-Strozzi ve algunos logros de México: “Ganamos porque seguimos teniendo, fuera de los automóviles, acceso libre al mercado estadounidense. De igual forma, logramos mantener el statu quo y mantenemos una vía de acceso privilegiada a la región de Norteamérica por varios años más, lo que le da certeza a nuestros productos”.

PENDIENTE: SEGURIDAD ALIMENTARIA

Luego de que se difundieron los detalles del nuevo acuerdo de comercio trilateral entre México, Estados Unidos y Canadá, el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) publicó un comunicado en el que destacó que este tratado impulsará 50% las exportaciones mexicanas en la próxima década, entre ellas las agroindustriales.

El acuerdo abre posibilidades de comercio a los productores mexicanos, pero también el riesgo de perder biodiversidad, explica Jesús Axayacatl Cuevas, curador del Banco Nacional de Germoplasma Vegetal (Bangev), en la Universidad Autónoma Chapingo.

Las grandes cantidades de alimentos que se requieren para la exportación implican el cultivo masivo de determinadas especies, lo que muchas veces deja fuera la siembra de una variedad más extensa y local de cereales, frutas y legumbres, y eso pone en juego la biodiversidad y el abastecimiento regional, abunda Cuevas.

En la agroindustria, la diversidad de especies está en manos de los pequeños y medianos productores, a quienes hay que respaldar como parte de una estrategia local y paralela al T-MEC. La agricultura que produce rendimientos iguales o menores a tres toneladas por hectárea representa 78.4% del campo tradicional, lo que genera 49.8% de la producción total de temporal que hay en el país. Se estima que si se potenciara su capacidad, alimentaría a 54.7 millones de personas.

Dentro del T-MEC, el Capítulo 3 (sector agrícola) establece: “Ninguna parte subsidiará la exportación de cualquier producto agrícola”, regla que no se rompería en el caso de dar apoyos al campo para el consumo interno, expone Jesús Seade, jefe negociador del tratado.

Be the first to comment on "Claroscuros en el T-MEC"

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*


4 + 10 =