Ahorro para el retiro: una revisión


Las Afore administran los recursos de las cuentas de ahorro para el retiro en nombre de los trabajadores.

POR ADRIÁN DÍAZ RODRÍGUEZ

En la década de los 80, el sistema de pensiones estaba a cargo del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Era un esquema en el que las aportaciones de los trabajadores activos financiaban parte de la pensión de los retirados.

Sin embargo, al iniciar los  90, el incremento en la esperanza de vida y la disminución de la tasa de natalidad ocasionaron que la proporción de los trabajadores activos (con respecto de los retirados) disminuyera, lo que impactó al fondo disponible para cubrir el pago de las pensiones futuras.

El 1 de julio de 1997, con la publicación de la Ley de los Sistemas de Ahorro para el Retiro inició el nuevo esquema de pensiones, cuya característica principal es la participación del sector financiero privado, a través de las Administradoras de Fondos para el Retiro que hoy conocemos como Afore.

De igual manera se crearon las Sociedades de Inversión Especializadas en Fondos para el Retiro (Siefores), instrumentos a través de los cuales las Afore invierten los recursos de los trabajadores.

En el panorama actual, de acuerdo con la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar), los recursos del Sistema de Ahorro para el Retiro (SAR) ascendieron a 3.368 billones de pesos al cierre de julio de 2018, lo que representa el 15% del Producto Interno Bruto (PIB).

Estos recursos son fundamentales para el desarrollo del sistema financiero mexicano, así como en la vida económica del país, porque las Afore tienen invertidos 1.2 billones de pesos en empresas y proyectos productivos. Para ponerlo más claro, el ahorro para el retiro es la segunda fuente de financiamiento interno más importante de México.

Cómo y en qué invierten las Siefores

Diversos estudios elaborados por la Consar revelan que la gran mayoría de los titulares de las cuentas desconocen el nivel de rendimientos que paga su Afore, la comisión que cobra, así como la calidad de los servicios que ofrece. Al no saber dónde ni cómo se invierte su dinero, los beneficiarios temen también perder su capital.

“La Consar es un órgano desconcentrado de la Secretaría de Hacienda que cuida y vigila que el dinero de los trabajadores se deposite correctamente y se invierta, con el objetivo de generar el mayor retorno posible. Es decir, que permita que las cuentas crezcan conforme pasa el tiempo y puedan pagar las mejores pensiones posibles”, aseguró Carlos Ramírez Fuentes, presidente de la Comisión.

Actualmente, las diez Afore que operan en el país se rigen por la Ley de los Sistemas de Ahorro para el Retiro, que establece límites en los distintos instrumentos en los que las Siefore pueden invertir el capital de los Trabajadores. Es por eso que las inversiones se realizan a través de diferentes procesos que van articulando la toma de decisiones.

En ese sentido, no es que las Afore pongan en peligro el dinero del ahorro para el retiro de la gente, sino que a través de las sociedades de inversión gestionan el riesgo con una canasta diversificada de alternativas.

“Cada Siefore cuenta con un gobierno corporativo, un comité de inversiones que se reúne mensualmente para ver las tendencias del mercado. También hay un comité que, como contrapeso, mide y evalúa los riesgos de cada una de las inversiones. Los consejeros independientes establecen criterios o sugerencias para que se tomen las mejores decisiones”, explicó Carlos Ramírez Fuentes.

La edad de los trabajadores es un punto fundamental que las sociedades de inversión deben tomar en cuenta antes de realizar cualquier movimiento.  Por esto existen cuatro tipos de Siefore:

  • Siefore básica 4: menores de 36 años
  • Siefore básica 3: trabajadores de entre 37 y 45 años de edad
  • Siefore básica 2: trabajadores de entre 46 y 56 años de edad
  • Siefore básica 1: mayores de 60 años

Como explica Ricardo Delfín, socio líder del sector financiero en KPMG, a un trabajador de 35 años se le permite tomar más riesgos porque está en una vida productiva plena. Parte de su ahorro podrá ser invertido en instrumentos de capital variable, y si llegara a perder algo de capital, al estar en etapa productiva podrá recuperarlo.

“En cambio, si ya está en una etapa más avanzada, por ejemplo a punto del retiro, técnicamente no se le permitiría invertir en instrumentos de riesgo por el corto plazo que existe para ese ahorro”, agrega el especialista de KPMG.

De acuerdo con la Ley de los Sistemas de Ahorro para el Retiro, la Siefore básica 1 permite invertir un máximo de 10% de todo el portafolio en renta variable, por ejemplo en acciones en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) que pueden subir o bajar de valor. Esto quiere decir que el 90 % de los recursos de la Siefore básica 1 deben estar invertidos en renta fija, es decir, títulos de deuda garantizados y que paguen interés.

Por su parte, en las Siefore básicas 4, que es donde están los ahorradores más jóvenes, la Ley permite que se puedan invertir hasta 45% de los recursos en renta variable. El secreto es lograr una diversificación, es decir, si se va a destinar el 45% en acciones con mayor nivel de riesgo, se debe invertir en un portafolio con diferentes acciones, para que se tengan otras 20 que estén ganando en el caso de que una pierda, y así temporalmente se pueda absorber la pérdida.

Tipos de inversión y sus riesgos

Las inversiones de menor riesgo son los instrumentos de deuda gubernamental, como los Cetes, los bonos con tasa nominal y los Udibonos, con protección inflacionaria. Se puede invertir en un Cete a 28 días o un instrumento de deuda a 30 años, que son las emisiones que suele sacar el gobierno federal y en las que las Afore participan activamente. De hecho, el 48.5% del portafolio total está invertido en deuda gubernamental.

Otra opción con mayor nivel de riesgo es la inversión en instrumentos de empresas privadas nacionales y extranjeras. Por un lado están los instrumentos de deuda corporativas, donde empresas que cotizan en bolsa emiten bonos de deuda, invitan al público inversionista y ahí es donde las Afore participan.

Las Afore, a través de las Siefore, también pueden invertir en instrumentos de renta variable, es decir, acciones de la BMV y de otros mercados bursátiles de 50 países. Este proceso se efectúa mediante inversiones directas en la bolsa, comprando a través de empresas que cotizan, mientras que la inversión en el extranjero se realiza en los llamados índices conocidos como E3.

Es importante aclarar que una Siefore no puede comprar acciones directamente a una empresa. Por ejemplo, si quiere invertir en acciones de Apple, debe acudir a la bolsa estadounidense y comprar a través de una canasta de acciones en el sector tecnológico.

Las Afore y las Fibras

Los instrumentos con más riesgo, pero con una proyección de retorno mayor, son las inversiones en proyectos productivos de manera no directa, es decir, a través de vehículos de inversión. Por ejemplo, una Afore no puede invertir en la construcción de una empresa hidroeléctrica, pero sí puede hacerlo a través de los Fideicomisos de Inversión y Bienes Raíces (Fibras). Estos nacieron hace casi 10 años y financian proyectos inmobiliarios industriales e incluso residenciales.

Recientemente las Afore han podido invertir en los Certificados de Capital de Desarrollo (Cecades), que básicamente invierten en proyectos productivos que van desde el sector infraestructura, bienes raíces, empresas directas, o empresas que están naciendo. En este momento hay más de 80 Cecades en el mercado. Finalmente está el primo hermano del Cecade, los Cerpis, vehículos que le permiten a las Afore invertir en proyectos productivos con reglas un tanto más flexibles para el administrador; es él quien lleva el fondo.

Alternativas de inversión

Durante la administración de Enrique Peña Nieto se crearon dos nuevos vehículos: la denominada Fibra E (una Fibra inmobiliaria pero con la cualidad de ser un vehículo para invertir en grandes obras de infraestructura como el nuevo aeropuerto), proyectos del sector energético, las líneas de transmisión de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) o la carretera México-Toluca, entre otros.

Con respecto al Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) cabe señalar que, en la escala mundial, los aeropuertos son proyectos extremadamente rentables si son bien gestionados y administrados. No obstante, requieren una gran demanda de inversión, por lo que generalmente tienen horizontes de retorno en el mediano y largo plazo.

Un aeropuerto como el de la Ciudad de México lleva 6 años entre la planeación y el inicio de la construcción, y todavía le faltan tres. Al ser proyectos de una década, lo que necesitan son recursos o inversionistas que tengan un horizonte de largo plazo. ¿Quiénes son estos inversionistas? Las Afore.

“Las Afore están buscando alternativas de inversión rentables, con un adecuado nivel de riesgo, pero que al mismo tiempo calce esa inversión con el horizonte de ahorro de los mexicanos. Por ejemplo, un joven de 25 años tiene un horizonte de ahorro para el retiro de 40, entonces ¿qué hace la Afore con el dinero en ese plazo? Lo idóneo es que se invierta en proyectos a 40 años que le reditúen más”, señaló el presidente de la Consar.

Además, manifestó el funcionario, la situación del nuevo aeropuerto ha generado interés y ruido también, pero sin duda representa una inversión extraordinaria a largo plazo. “La forma en la que se estructuró el vehículo en el que las Afore participaron, que es una Fibra E, le da ciertas garantías al inversionista, aun en el escenario catastrófico de que se cancele el proyecto. Confío en que no será el caso, pero hay una cláusula que le permite a una Afore recuperar una cantidad de los recursos que invirtió”, precisó Carlos Ramírez Fuentes.

Varios estudios han mostrado el impacto favorable que tiene el ahorro de largo plazo en el crecimiento económico, en particular el ahorro para el retiro, concluye la Consar. Sin embargo, no se puede dejar de lado que el SAR enfrenta diversos desafíos que deben atenderse, lo antes posible, para fortalecer el sistema de pensiones en México.

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